El caserío vasco, en su forma primitiva, no conocía el escape de humo canalizado sobre el tejado, ya que el fuego solía hacerse en medio de la cocina, buscándose el humo salida por entre las rendijas de las tablas que cerraban la parte alta de las paredes.
Más tarde solamente, cuando se introdujo el hogar adosado a la pared o la campana cubriendo toda la cocina, surgió la necesidad de llevar el humo a fuera, estableciendo un tiro. He aquí varias soluciones adoptadas en el país vasco para este fin, a cual más pintorescas. Las de planta circular son parecidas al tipo que abunda en Aragón.