La conocida piedra tallada con el nombre de “Mikeldi”, se localizó cerca de donde actualmente se sitúa una reproducción, junto a la desaparecida ermita de San Vicente y su necrópolis (el escritor Trueba dijo que se hallaba a veinte pasos de la ermita). Lamentablemente y como casi siempre sucede en el territorio del Pais Vasco, no dudan en asociar las piezas arqueológicas con la supuesta cultura céltica de lengua indoeuropea, la cual desean emparentar con el territorio del Pais Vasco.

Es evidente el empeño de algunos arqueólogos y lingüistas, que fueron muy activos en el anterior régimen franquista, por menoscabar y desprestigiar la lengua vasca, la foralidad vasca y a los gobiernos que lo han integrado. Este “unicum” lo utilizan para ese retorcido fin.

La primera mención sobre esta singular piedra es en 1634, en una publicación de Gonzalo de Otálora "Micrología geográfica del asiento de la noble Merindad de Durango por su ámbito y circunferencia”, editado en Sevilla, donde muchos adinerados tenían negocios comerciales con las Américas.

   

“…Ay antigüedades notables, y las más en las lomas y altos : las más vistas son en una Ermita de la villa de Durango llamada Miqueldi, se halla, y se vee una gran piedra, así monstruosa en la forma, como en el tamaño, cuya hechura es una Abbada, o Reinoceronte, con un globo grandísimo entre los pies y en el tallados caracteres notables, y no entendidos, y por remate una espiga dentro de tierra, donde está eminente de más de dos varas : está en campo raso (causa de mostrarse deslavado) no se tiene memoria del, si bien corre por ídolo antiguo”.

 

(Idealización en estilo céltico del monumento funerario "Mikeldi")

PERO ¿QUÉ ES EN REALIDAD EL ÍDOLO DE MIKELDI? (adjunto el siguiente texto de Fernando Fernández Palacios y Miguel Unzueta Portilla, arqueologos de DFB)

Estamos ante un unicum sin paralelo claro en el entorno inmediato, por lo que no se ha podido establecer con seguridad ni una identificación precisa ni un uso determinado para el mismo. Por otro lado, la falta de un contexto arqueológico preciso en el que situar el hallazgo de esta pieza y la “carencia” de una Edad del Hierro hasta fechas recientes para el Cantábrico oriental, no han colaborado precisamente en su clasificación. Tampoco ha sido de ayuda lo extremadamente alejados que se hallan aquellas otras esculturas zoomorfas con las que se le puede comparar morfológicamente: los verracos (toros o cerdos) de las culturas meseteñas y extremeñas prerromanas.


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(esculturas zoomorfas iberas, no son exclusivas de culturas celtas)


El ídolo de Mikeldi es una escultura maciza en bulto redondo de gran tamaño, labrada en arenisca local, en la que se puede apreciar una figura zoomorfa (cerdo o jabalí) con un disco visible por ambos lados de la pieza a modo de estela discoidea entre las patas. De la posible inscripción, solo vista por Gonzalo de Otalora, no se aprecia nada. Sus medidas son 1,40 m de altura y 1,82 de longitud. Los discos tienen un diámetro de 0,70 m. La pieza presenta un aspecto general desgastado, que Otalora (1634) achaca a su exposición a la intemperie.

El elemento zoomorfo ha sido considerado como un caso más, aunque de especiales características, de lo que se viene a denominar como los verracos propios de la Edad del Hierro de la Meseta castellana, Extremadura o norte de Portugal. El tipo, siendo característico de esos territorios, se asocia a los grandes poblados ganaderos de las culturas indígenas prerromanas. La presencia del Mikeldi, si lo consideramos como un ejemplo más de verraco, en una zona tan alejada de su área de expansión, sin ningún otro ejemplar en el Cantábrico oriental ni en los territorios intermedios, no deja de sorprender.

Hay que aclarar que algunos de los ejemplares que han sido recientemente señalados como verracos en la arqueología vasca no tienen viso alguno de haberlo sido. Tras un detallado análisis, desechamos que deba considerarse como tal la pieza citada por A. Llanos (2005) para el poblado berón de La Hoya (Laguardia, Álava) por no ser, a nuestro juicio, nada más que un gran canto de formación natural, sin labra alguna, salvo las marcas que dejó en él la máquina excavadora que lo extrajo del subsuelo. Del mismo modo, no vemos razón alguna para considerar como toro o verraco ninguna de las dos piezas descritas por L. Valdés (2009) como tales para el supuesto “santuario Vasco” de Gastiburu (Arratzu, Bizkaia).


 

(zona donde estaba la ermita de San Vicente y la necropolis del Mikeldi)


Los dos discos que la representación zoomorfa presenta entre las patas intentan recrear el aspecto de una estela discoidea de grandes dimensiones, que se manifiesta entera y exenta. No es un globo, como afirmaba Flórez, sino dos grandes discos circulares perfectamente delimitados que vienen a coincidir a la misma altura por ambas caras. No hay que ir muy lejos con el objetivo de encontrar paralelos para este tipo de estela ya que coincide con las grandes piezas discoideas, propias de las fases finales de la segunda Edad del Hierro en el norte peninsular. Es más, no hay que salir de Bizkaia para localizar este tipo de estelas de cronología antigua: las podemos encontrar en la ermita de Santa Elena de Emerando (Meñaka), San Martín de Fínaga (Basauri), Larraganena (Gorliz), Lamíndano (Dima), en el poblado romano de Forua (Forua) o en la necrópolis prerromana del castro de Berreaga (Mungia, Zamudio).

Como podemos apreciar, es un tipo frecuente en la estereometría e iconografía funeraria de Bizkaia, estando plenamente relacionado con la etapa final de la cultura indígena local.


 

(excavacion de la necropolis en la ermita de San Vicente)


En cuanto a la posible inscripción, nos sorprendería mucho que hubiera existido en algún momento, dado que todos los ejemplos de estelas discoideas prerromanas documentados hasta el presente en Bizkaia son anepigráficos. En este sentido, en ejemplos de estelas semejantes hemos podido comprobar que la decoración se ha marcado mediante incisión muy leve para preparar la posterior labra y en algunos casos ni se ha tallado. Los rasgos que observó Otalora podrían ser los de una decoración incisa, ya muy borrosa por el paso del tiempo, y no los de una inscripción, que habría dejado una mayor huella, como ocurre con otras lápidas y estelas romanas halladas en Bizkaia. Los supuestos “caracteres notables” de Otalora podrían haber sido así los restos de la decoración geométrica a base de esvásticas y coronas de dientes de sierra que decoran este tipo de estelas.


 

(imagen de la inscripcion del disco en el Mikeldi)


A modo de conclusión, solo nos queda añadir que el Mikeldi sería ante todo un monumento funerario, una pieza excepcional definida por la gran estela de disco asociada a una representación zoomorfa (cerdo o jabalí). Se trataría, como ya hemos dicho, de un unicum dentro de la ya de por sí rica producción iconográfica funeraria de la etapa final de la Edad del Hierro y el comienzo del periodo romano en Bizkaia.

 

 

Bibliografía:

  • LA ESTELA ZOOMORFA DE SAN VICENTE DE MIKELDI, DURANGO, BIZKAIA. Fernando Fernández Palacios y Miguel Unzueta Portilla
  • INTERVENCION ARQUEOLOGICA EN LA ERMITA DE SAN VICENTE DE MIKELDI EN DURANGO (BIZKAIA) Amaia Basterretxea.
  • LUMINOSO ÍDOLO OSCURO MIQUELDI, HISTORIA Y SIGNIFICADO. Luis Valdés, Isabel Arenal, Martín Almagro-Gorbea, Arturo Aldecoa Ruiz